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Los mascarones de México

  • Foto del escritor: XIMENA COVAF
    XIMENA COVAF
  • 15 feb 2018
  • 3 Min. de lectura

¿Qué pasaría si uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad escondiera entre sus muros una crítica a todos los funcionarios públicos en turno?


El Pont Neuf es un símbolo de la arquitectura francesa, es el primer puente de piedra construido en Paris y es, hasta la fecha, el puente más antiguo de la ciudad. Aunque la construcción comenzó con Enrique lll, tras un largo periodo de guerras, fue Enrique IV quien decidió retomar la obra ya que traería muchos beneficios para la población, especialmente en el ámbito mercantil al conectar dos puntos de la ciudad atravesando el río Sena de manera mucho más estable que antaño debido a que los puentes solían ser construidos con madera.

A Enrique IV se le conocía como “el rey bueno” por su constante interés en mejorar la calidad de vida de sus súbditos, por lo que se ganó el cariño del pueblo francés; no obstante, la gente que formaba parte de su parlamento se centraba mucho más en sus propios intereses. Fue bajo este contexto que se terminó la construcción del Pont Neuf.

Una de las principales atracciones de este puente es que, en toda su extensión, se puede ver la sucesión de más de 380 mascarones con características grotescas y miradas penetrantes. Comúnmente se explica que estas caras son asociadas con figuras de la mitología antigua y deidades forestales pero, un día mientras visitaba el puente con una historiadora del arte, me platicó una de las teorías detrás del verdadero significado de las figuras:

Enrique IV, “el rey bueno”, se encontraba sumamente molesto por las actitudes de su parlamento, por la falta de interés de sus miembros en el bienestar social y, en su lugar, buscar el beneficio propio. Es entonces que, como una crítica a sus ministros, manda a esculpir sus caras de forma satírica y demonizando sus rasgos de manera que pudieran reconocerse sin resultar evidente.

pont neuf. Paris, francia

La distorsión en las prioridades de los funcionarios públicos no comenzó ni se quedó en la Francia de Enrique IV. Actualmente, es fácil encontrar cientos de casos en todo el mundo donde el bien público se convierte en bien personal. En México, simplemente en el último sexenio, se ha visto un desfile de ex gobernadores buscados por la ley por presuntos crímenes como aprovechamiento ilícito del poder, desviación de recursos públicos y vínculos con el narcotráfico. Estados como Quintana Roo, Coahuila, Veracruz y Chihuahua han visto cientos de millones en recursos presuntamente desviados hacia la bolsa de sus mandatarios.

Roberto Borge, gobernador de Quintana Roo 2011-2016, es acusado por presunto lavado de dinero, aprovechamiento ilícito del poder, malversación de fondos públicos y desempeño irregular de la función pública. Además, la Auditoría Superior de la Federación (ASF), indica haber detectado desvíos y mal manejo de recursos durante su último año de gobierno por $55,757,280.

Al gobierno de Veracruz, con Javier Duarte como gobernador de 2010 a 2016, se le investiga por presuntamente haber otorgado 73 contratos a empresas fantasma por $645,000,000. Además, otras investigaciones del SAT y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad investigan la existencia de otras 45 empresas más y diversos contratos otorgados con un valor total de más de $1,270 millones. Por otro lado, el Órgano Superior de Fiscalización de Veracruz inició dos auditorías especiales con base en la información proporcionada por el SAT, el cual confirmó el desvío de al menos $1,900 millones de pesos.

La lista es extensa y podría seguir mencionándoles casos de corrupción. No obstante, el problema va más allá de los gobernadores u otros funcionarios públicos. Se filtra e instala en la base del país: sus ciudadanos.

Según una encuesta del Barómetro de Corrupción para América Latina y el Caribe realizada a 22,000 personas en 20 países, sugiere que el porcentaje de encuestados que dicen haber pagado un soborno con el fin de utilizar un servicio público es del 29%. Sin embargo, el porcentaje más alto al realizar esta pregunta, lo obtuvo México con el 51% de

los encuestados afirmando haber participado en sobornos a funcionarios.

Ricardo Salgado, secretario técnico del Sistema Nacional Anticorrupción, señalo que el problema de la corrupción en nuestro país representa el 10% del PIB nacional, lo equivalente a $347mil millones anuales. Asimismo, en 2016 México ocupó el lugar 123 de 176 en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, colocándolo así en el último lugar de las 35 economías que forman parte de la OCDE.

Siempre es fácil voltear para arriba y criticar al gobierno, a las empresas, a los demás; pero, se debe tener bien claro que todas estas instituciones están formadas por nosotros. Una población donde más de la mitad ha participado en asuntos corruptos.

Sin duda, si se construyera un puente que criticara las acciones corruptas en nuestro México, no sólo habría mascarones de muchos funcionarios públicos sino, tal vez, hasta mascarones de tus vecinos.

 
 
 

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